Crónica de la V Jarama María de Villota por José Luis Búrdalo

24 de diciembre, día de Nochebuena y desde hace tres años día en el que vengo disputando la anteriormente conocida como San Silvestre del Jarama, una carrera cuanto menos curiosa, pues no todos los días se tiene la oportunidad de correr por el circuito del Jarama… sin coche, moto o vehículo, simplemente a patita, al trote.

No recuerdo bien como descubrí esta prueba en 2016, pero lo que si recuerdo es lo mal que lo pasé, venía arrastrando muchísimos problemas, dolores, limitaciones para correr… pero mi cabezonería me llevó a correr y en la segunda vuelta al circuito la rodilla dijo basta, en aquel momento aún no sabía que tenía cintilla iliotibial, pero me costó mucho llegar, prácticamente andando (aunque no fui el último), pero aquel año me costó la San Silvestre y no correr un solo metro hasta finales de enero, un mes entero de recuperación.
En 2017 salí con ánimo de venganza, 52:41 a ritmo de 5:18 min/km, salí bastante adelantado por lo que no penalicé en los primeros kilómetros, los puntos de paso más estrechos, terminé muy satisfecho y con medalla finisher, como mola motivarse con una medalla.
Este año volvía a presentarme fastidiado, desde los dos trail de noviembre, no hago más que padecer del tobillo izquierdo y de mi mala postura al pisar, he perdido muchas carreras en estas semanas por unos motivos u otros, carreras que seguramente me hubiesen acercado a las 60 a final de año, pero la realidad es tozuda y voy a pasarlas canutas para llegar a 50, realmente el objetivo inicial.
La carrera del 24 de diciembre suponía la número 48 del año, solo quedan dos, San Silvestre de Villaverde Alto (carrera cortita) y la San Silvestre Vallecana. Inicialmente me había inscrito hace semanas a la distancia de 10 km, antes de empezar a padecer achaques y tras tener que renunciar una semana antes a los 11 km de Guadalajara, tuve que contactar con la organización y solicitar el cambio a 5 km, una vuelta al circuito en lugar de las dos que hubiese querido.

Este año, el caos con las camisetas ha sido tremendo… a día de hoy, aún no tenemos camisetas y deberán llegar a casa o Correos, lo que cada uno haya decidido, pero inicialmente se iban a entregar junto con los dorsales, después el mismo día de la prueba y la noche anterior surge la sorpresa y que no, que ya nos llegarán, la verdad es que es la segunda vez que me llega camiseta a casa este año, eso sin contar que han sido otro par de veces en que las XXL no estaban disponibles a las primeras de cambio, sin ir más lejos, la San Silvestre Vallecana, que me ha costado tener que pasar dos veces hasta conseguir una XXL.

Tocaba madrugar para recoger el dorsal a partir de las 9:00 aunque lo recogí unos minutos antes, el mío y el de Mario Mena que anda el hombre bien fastidiado con una lesión chunga que le va a tener unos meses en el dique seco (¡¡¡recupérate bien Mario!!!), el fluir de coches y corredores era constante, pero sin agobios, la verdad es que pensaba que se iba a formar lío en la recogida de dorsales pero todo salió bien.

La verdad es que hacía frío y pese a ser un día que presentaba temperaturas por encima de la media para estas fechas navideñas, esta carrera siempre es fría, no hay calles ni edificios que cobijen un poco el recorrido por lo que el frío campa a sus anchas.
Comienzo a ver caras conocidas, muchísimos Forrest Gump, María Matilla (esta mujer es alucinante, está en todas…), Pepe, los tapieros Luis y María y un largo etcétera y, muchos más contactos y conocidos de redes sociales que estuvieron y no conseguir ver.
El caso es que, entre fotos, charlar y tal… últimamente es que no me da tiempo a calentar antes de las carreras (nota mental, esto debo mejorarlo en 2019, hay que calentar…) y casi sin darnos cuenta -ni tiempo- nos dirigimos a la zona de salida, muchísima gente, diría que más que el año pasado, toda la recta principal del circuito llena de colorines y no solo de ropa chillona runner, también de muchísimos disfraces y motivos navideños.
En primer lugar, se procede a la salida para sillas y hand bike (es admirable el tesón y coraje de los atletas en estas modalidades, que sí, que sí, que cuesta abajo van como balas, pero cuesta arriba tienen que tener unos bemoles alucinantes) y pocos minutos después salimos la marabunta.
Ésta es otra de esas carreras en las que no hay calles, poco hay que decir más allá de lo ya dicho de ser un auténtico lujo correr por el Circuito del Jarama, además, este año, recién asfaltado, tocaba usar zapatillas slicks.

Los primeros 500 metros discurren por la recta principal, dejamos a la derecha el muro y su característico enrejado con huecos cada trecho para que el personal de los equipos pueda sacar las pizarras al paso de los corredores (los otros, los de vehículos) y giramos 180º hacia la derecha para correr precisamente por esa zona interior del muro unos 250 metros, nuevo giro a la izquierda atravesando uno de los boxes y no adentramos en la zona posterior de boxes, seguramente la zona dónde descansarán los motorhomes durante las carreras y nos dirigimos de nuevo en sentido u orientación salida de la prueba, en dirección a la pista de karting que bordeamos para volver de nuevo a la zona posterior de boxes pero sin llegar a pasar por ellos, en ese punto, otro giro de casi 180º hacia la derecha y vuelta a la pista principal al Circuito del Jarama propiamente dicho, kilómetro 1,75 aproximadamente.

Toda esta primera parte para mí es de lo peor de la carrera, cada año hay más gente y el trazado no es amplio, cuesta mucho avanzar, el año pasado que salí más adelantado me quité estos metros iniciales rápidamente pero este año, entre ir pendiente de las molestias en el tobillo, de no cojear demasiado y del resto de compañeros corredores, se me hizo eterno y me costaba encontrar hueco limpio.
Una vez salimos de nuevo a la recta de meta la cosa cambia, el circuito es muy ancho y se acabaron los problemas y preocupaciones por la multitud de gente.
Mola mucho ver las marcas verticales de distancias a la curva, 200, 150, 100 metros… toca ir pensando en pisar un poco el freno y buscar el interior del vértice de la primera curva a derechas que en realidad son las curvas Nuvolari y Fangio enlazadas y acometemos un tramo recto que nos lleva a hacia la parte posterior del trazado, hasta ahora, perfil prácticamente plano e incluso un tanto descendente. Otra cosa que me preocupa mucho de esta carrera son los apoyos, sobre todo en el caso de mis maltrechos tobillos y es que el circuito tiene diferentes peraltes, no solo tiene pendientes longitudinales, en algunos puntos tiene unas pendientes transversales que para vehículos debe ser una gozada como ayudan a mantener la trazada, la velocidad en el paso por curva, pero para el ser humano resulta un apoyo antinatural.

A mitad de recta se empieza a subir muy ligeramente, nada complicado, curva muy abierta a derechas (Varzi), nuevo tramo recto no muy largo y curvón de casi 180º a la izquierda, nueva recta y pequeño repecho hasta la curva Farina, también de casi 180º esta vez a la derecha, 2,70 km recorridos y se abre una curva muy amplia, peraltada hacia la derecha (curva Le Mans) que desemboca en la pared del recorrido, la subida hasta el mítico puente Dunlop, una subida corta pero muy bestia, 28 metros en un kilómetro. Tocaba apretar los dientes, no pensar en el tobillo y tratar de no parar, pese a que alrededor algunos corredores no podían con la rampa, paso bajo el puente, curva Ascari, tomo aire, estiro y suelto hombros y brazos y, como todo lo que sube, baja… 21 metros de bajada en 0,80 km, pasamos la curva Portago y nos lanzamos hacia la curva Bugatti, punto más bajo de la V que es esta zona posterior del circuito, sucesión de tres curvas a derecha, a izquierdas y de nuevo a derechas, cercanas a los 180º.

Soy consciente que queda otra rampa, pasar bajo el puente de Audi (curva Monza), aunque ni de lejos tiene la dificultad, la pendiente de la subida desde Le Mans hasta Ascari, apenas 18 metros de subida en 250 metros de recorrido, kilómetro 4,70… desde ahí todo bajada (además, a lo loco y sin frenos) hasta la recta de meta pasando bajo el arco hinchable publicitario de Hola y escuchando de fondo a contadordekm ejerciendo de speaker, animando y recordando que el tiempo no importaba… pero que seguramente le podríamos restregar en la cena de Nochebuena a algún cuñado que nosotros habíamos corrido por el Jarama (un cachondo éste tío, al que por cierto, pude saludar). Llegando a meta tuve la tentación de dar la segunda vuelta y hacer 10 km, me encontraba mejor de lo que había previsto pese a que iba con molestias, pero creo que tomé la decisión más prudente, me quedé con 5 km bastante decentes (a 5:36 min/km) a la espera de cerrar el año con las dos carreras previstas.
Recogida de medalla finisher (el tío más feliz del mundo con mi trocito de plástico colgado al cuello), cambio de ropa y vuelta al circuito para animar y sacar algunas fotos a los corrieron dos vueltas.

Y como siempre en esta carrera, raro es no encontrarse con Emilio de Villota y poder hacerse una foto con él.
El año que viene, más Jarama María de Villota.

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