20ª Media Maratón Ciudad de Getafe por José Luis Búrdalo

Con enero casi finalizado, el 27 volví a correr, bueno… miento, corrí una semana antes los 5 kilómetros de la II CARRERA A FAVOR DE FUNDACIÓN ADIFUN, aunque fueron 5 kilómetros a un ritmo de 5:18 min/km, realmente era volver a calzarme las zapatillas y probar las plantillas para pronación con las que llevaba andando una semana, buen ritmo para haber estado tres semanas totalmente parado y con los excesos navideños de por medio, pero noté y mucho la dureza de las plantillas, unas ampollas terribles.

El domingo 27 tocaba hacer experimentos para evitar esas ampollas y por suerte o desgracia, tocaba hacerlos en medio maratón, que remedio… llevaba meses apuntado, antes de fastidiarme en noviembre de 2018 y llegar renqueante al 31, a la San Silvestre Vallecana y a los 50 dorsales del año pasado que me traían por la calle de la amargura. El experimento no era otro que unas plantillas de gel sobre las duras plantillas para pronación y la verdad es que salió bien… sobre el kilómetro 17 o 18 pensaba que en el pie derecho se me estaba empezando a formar ampolla pero cuando terminé comprobé que no, así que ya sé que tengo que hacer desde ahora para correr y veremos si empiezo a ponerme las pilas, que arranco el año con retraso.

La verdad es que, tras el reto personal de 2018 de los 50 dorsales, en 2019 no tengo nada especial en mente, entrenar más… aunque la carga diaria de trabajo es tal que no sé bien como lo voy a hacer, de ahí que me fuerce los fines de semana a estar en carreras, para ir consiguiendo kilómetros.

Tal vez trate de igualar o superar los siete medios maratones de 2018, pero no es algo que me obsesione y, en la cabeza tengo algo rondando que, como veo muy probable no pueda hacer, de momento se queda en un rincón.

Lo que de verdad me he propuesto es conseguir todas las medallas finisher que pueda en Madrid y alrededores, algo complicado, mientras en otros países las medallas finisher están casi en cualquier distancia, aquí en buena parte de medios maratones y a duras penas en muy poquitas carreras de 10 kms. Algo que vengo repitiendo en redes sociales, en preguntas a organizadores es que seguramente la gente cambiaría medalla por camiseta, máxime si hay casos como el mío, que uso una XXL y en muchas carreras no se pasa de la XL con la coletilla de “dan mucha talla”, caramba, si tuviese una buena tableta de chocolate y un cuerpazo, a lo mejor no me importaba embutirme en camisetas apretadas, pero la verdad es que no me gusta, me gustan amplias y cómodas… así que personalmente, prefiero una medalla, incluso si eso supusiera unos euros más en la inscripción.

Por suerte, este primer trimestre hay una buena cosecha de potenciales medallas finisher y la primera estaba en la carrera del pasado domingo.

Vigésima edición de la Media Maratón Ciudad de Getafe. Ya corrí esta prueba el año pasado y ya sufrí bastante desde el kilómetro 15, mi distancia cómoda son 10 km, a 15 llego más o menos bien, aunque bajando mucho el ritmo, pero del 15 en adelante la verdad es que padezco bastante.

Pese a estar en peor forma que el año pasado, llevaba en la cabeza, grabado a fuego pasar el kilómetro 15 sin echar pie al freno y andar, el resto me daba igual, pero quería pasar el punto de pájara del año pasado al trote. Llegué con tiempo suficiente para aparcar bien y me acerqué al Polideportivo Juan de la Cierva (zona de meta) en busca de los servicios (uno ya tiene una edad…) mientras miembros de la organización y voluntarios preparaban los cajones y los arcos hinchables de salida.
Recordaba un vendaval de aire del año anterior en la salida y la verdad, a las 9:00 el viento era soportable… pero alguien se debió dejar alguna ventana abierta, una hora después, a falta de media hora para la salida, el viento era mayor y más frío que el de hace un año, los arcos hinchables volaban y todos andábamos encogidos y mirándonos en plan “vaya tela la que nos espera”.

En la zona de salida saludé al nutrido grupo de Forrest Gump y minutos antes de salir, nos fuimos situado cada uno en nuestros respectivos cajones, a mí me tocaba furgón de cola… es lo que hay y de repente, aparece María Caballero, nos saludamos, nos hacemos una foto rápida y arrancamos, corriendo contra el aire y charlando esos primeros metros de todo un poco, María me dice que tiene que entrar en calor y yo cojo unos poquillos metros que tarda poco en recuperar y no recuerdo bien, pero en el segundo o tercer kilómetro María ya se me había escapado, a lo suyo… preparando el Maratón de Castellón, que jabata, es admirable.

La carrera tiene varios tramos de ida y vuelta, son un poco rollazo… ir hasta una rotonda y volver, uno los pasa mirando a los corredores que van por delante, tratando de ver caras conocidas al cruce y se hace más llevadero. La salida de la carrera es en la Avenida Don Juan de Borbón y hay un tramo entre dos rotondas, pasada la Plaza de Toros que el Ayuntamiento de Getafe debería mirar si ha cedido el firme de la cantidad de veces que pasamos por ese tramo, cuatro veces, ida y vuelta entre el primer kilómetro y de nuevo ida y vuelta en el decimoprimero.

Los dos primeros kilómetros los saco más o menos sobre 5:40 min/km, no fuerzo, los tobillos no molestan, el invento funciona… de hecho, los 10 primeros kilómetros salen más o menos a 5:45 / 5:50 min/km… al llegar a la Plaza de Toros, dejándola a la derecha giramos hacia la Avenida Martín Gato y cruzamos bajo la vía férrea, ahora vamos todos sobrados, kilómetro 2,5… a la vuelta será el kilómetro 10.

La carrera se adentra en la parte más aburrida y tediosa, el nuevo desarrollo urbanístico de Los Molinos, una sucesión de avenidas y calles más o menos amplias, largas, de manzanas de viviendas rectangulares y una sucesión de idas y venidas que se hace interminable, prácticamente 8 kilómetros casi más aburridos que subir y bajar el Paseo de la Castellana en Madrid.

En esta zona, la carrera se alarga y puedes ver a lo lejos una hilera de corredores pasando entre bloques de viviendas que ya no sabes si van por delante o por detrás… poca gente animando aunque se nota que hay más personas vivienda que el año pasado pues noto algo más de gente en la calle.

De repente, en una ida y venida de estas que tanto se repiten en esta carrera, en la Calle Carpinteros me cruzo con Javier (Mapoma Ambassador) que va “pisando huevos” (con cariño, que este es un crack) y no ha pasado ni un minuto y le tengo al lado, saludándonos y charlando un poquillo, que tal vamos y eso, me cuenta que corre acompañando y dando apoyo a una par de corredoras que creo se aventuraban en la distancia, el caso es que el tío no paraba de saludar gente, de correr con grupos de un lado a otra, para adelante, para atrás… para mí que estaba haciendo series; gran tipo, cuando sea joven quiero ser como él.

Los kilómetros van pasando y tras rodear y callejear todo el desarrollo urbanístico de Los Molinos, nos aproximamos de nuevo al paso bajo la vía férrea, kilómetro 10, segundo avituallamiento líquido, un gel energético para el cuerpo y ahí es dónde automáticamente eché un poco el freno, aprovechando la subida del paso inferior, bien… había aguantado los primeros 10 km del año, los tobillos seguían bien y era el momento de recordarme que no iba a venirme abajo hasta haber pasado el kilómetro 15.

Nada más salir de Los Molinos, volvíamos a pasar por la Plaza de Toros, esta vez dejándola a la izquierda, camino de otra rotonda por la Avenida Don Juan de Borbón, rotonda y vuelta por la misma Avenida… aburridito ya de esos metros de asfalto, casi me conozco los baches y las grietas.

En los tramos de ida y vuelta me cruzo con María (de Forrest Gump) y con María Caballero que van por delante, a buen ritmo, nos animamos y nos jaleamos entre nosotros y, vuelve a suceder lo mismo en el kilómetro 12, en la Avenida de la Rabia, de nuevo nos jaleamos entre nosotros, chute de energía.

Subimos la totalidad de la Avenida Don Juan de Borbón, pasando por la zona de salida y por delante de la entrada al Polideportivo Juan de la Cierva, dónde está situada la meta… alucinante, cuando yo paso por delante, kilómetro 12,50, llevo como hora y cuarto de carrera y están entrando en el Polideportivo los primeros corredores camino de meta, miro sus zancadas amplias y miro mi trote cochinero y, bueno… es lo que hay.

Kilómetro 13, Carretera de Villaverde, giro a la izquierda hacia la Avenida de María Zambrano, nuevo giro a la izquierda hacia la Calle Concha Espina, en este punto ya estoy corriendo por encima de 6 minutos y me alcanzan Javier y las dos mujeres con las que estaba haciendo la prueba, me dicen sus nombres, pero la verdad es que ahora no lo recuerdo… si leen esto o lo lees tú Javier, disculpadme.

No tardan en cogerme metros y en mi cabeza solo está seguir hasta el kilómetro 15 sin parar, recorremos la Calle Madrid dejando el Campus de la Universidad Carlos III a la derecha y girando a la derecha, kilómetro 15, Calle Magallanes que además, es un ligero repecho… “José no te pares, el año pasado cogiste agua y echaste a andar…”, aguando la Calle Magallanes y girando a la izquierda, el Paseo de la Estación y la Calle Ferrocarril, una larga recta de unos dos kilómetros que va picando ligeramente hacia arriba.

Lejos de encontrarme mal y pese a llevar un ritmo superior a los 6 minutos por kilómetro, me vuelvo a enganchar con Javier unos metros y cerca del kilómetro 17 ya se me escapan definitivamente y, nada más girar casi 180 grados para volver a bajar por la Calle Toledo en dirección al centro de Getafe, mi cabeza me recuerda que me había prometido a mi mismo no tener un bajonazo hasta al menos llegar al kilómetro 18.

Kilómetro 18,50… la Calle Toledo se cambia por la Calle Madrid, zona peatonal del centro de Getafe y lo que es la cabeza, un cable se cruza y tengo que echar a andar unos metros, empiezo a pensar que se me está reproduciendo una ampolla y ya desde ahí hasta meta, mi cabeza está fuera de la carrera y solo me queda llegar como sea a por la medalla finisher.

Ando unos pocos metros, remato la botella de agua y vuelvo a trotar, kilómetro 19, la Calle Madrid se hace eterna, la gente que te grita el típico “ya no queda nada” y vamos cuatro monos del final del pelotón corriendo entre la gente que pasea y pasa su mañana de domingo por ahí, gente con el pan bajo el brazo, cafeterías, niños jugando… y unos cuantos locos corriendo.

La Calle Madrid se acaba en el punto kilométrico 20 y toca volver a descender por la Avenida Juan de Borbón… eso ya me lo conozco, he pasado por ahí unas cuantas veces a lo largo de la mañana, poco más de un kilómetro de suave bajada hacia el Polideportivo y casi a las puertas oigo un grito que me anima desde el otro lado de la avenida, Jesús Sepulveda que ya se bate en retirada hacia sus aposentos junto con el grupo de Forrest… a mí todavía me queda un poquillo más.

Kilómetro 21 en la entrada al Polideportivo, unos 100 metros por pista de tierra para encarar los últimos 100 metros en la pista deportiva.

Llego a meta reventado, con cierta sensación de mareo, dos hora y catorce minutos, de mis peores tiempos en media maratón pero llego satisfecho pues casi no me duele nada (después comprobé que no había ampolla) y para ser la segunda carrera del año, la segunda tanda de kilómetros de 2019 tras solo 5 kilómetros una semana antes, me doy por más que satisfecho y, el hecho de no tener dolor de tobillos me hace ver que “puedo seguir adelante”.

Recogida de la medalla finisher… esa que uno tiene puesta casi toda la tarde en casa y en el coche de camino a casa, me vuelvo a encontrar con María Caballero, con José Luis, Cesar… sospechosos habituales en las carreras, fotos, saludos y viendo cual es la próxima en la que nos vemos.

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