Periostitis tibial: por qué duele la espinilla y por qué parar del todo no la arregla
En cuanto refresca y la gente vuelve a los rodajes largos, la consulta se llena de espinillas. El relato se repite casi palabra por palabra: me duele la parte de dentro de la pierna, por debajo de la rodilla, en una franja larga. Al principio solo al empezar a correr, luego se calentaba y se me pasaba, y ahora me molesta también al bajar escaleras.
A eso lo llamamos casi todos periostitis tibial, aunque el nombre es un poco tramposo y conviene entender por qué, porque de ahí sale la mitad de los tratamientos que no funcionan.
No es solo un hueso inflamado
El nombre sugiere que el problema es el periostio, la capa que recubre el hueso, y que basta con desinflamarlo. La foto real es otra. Hoy se le llama síndrome de estrés tibial medial, y describe una tibia que está recibiendo más carga de la que en este momento puede tolerar, junto con los músculos que se insertan en su borde interno tirando de ella a cada zancada.
El hueso es tejido vivo y se adapta. Si le pides más, se hace más resistente. El problema aparece cuando le pides adaptarse más rápido de lo que sabe. Entonces protesta, y protesta en forma de esa franja dolorosa que todo corredor conoce.
Esto cambia el enfoque por completo. Si el problema fuese una inflamación, tendría sentido enfriar y esperar. Si el problema es que la tibia no aguanta lo que le estás pidiendo, hay dos caminos: pedirle menos durante un tiempo, y sobre todo conseguir que aguante más.
La pista que lo identifica
La periostitis tiene un patrón bastante fiel. Duele en el borde interno de la tibia, a lo largo de varios centímetros, y cuando lo buscas con el dedo no encuentras un punto exacto sino una zona difusa. Duele al empezar a correr, con frecuencia mejora cuando la pierna entra en calor, y vuelve al enfriarse y al día siguiente por la mañana.
Ese patrón, dolor difuso en una franja larga que mejora al calentar, es la firma de la periostitis y es lo que la separa de otras cosas.
Cuándo hay que parar y consultar
Hay una situación que sí obliga a levantar el pie del acelerador. Si el dolor deja de ser una franja y se concentra en un punto tan pequeño que lo tapas con la yema de un dedo, si duele al saltar a la pata coja, o si aparece por la noche o estando en reposo, hay que descartar una fractura por estrés.
Eso no se decide mirando la pierna. Necesita pruebas de imagen médica, radiografía y sobre todo resonancia, porque una fractura por estrés reciente puede no verse en una radiografía normal. Si reconoces ese cuadro, no lo dejes correr y que te vea un profesional.
Por qué aparece
Detrás de casi todas las periostitis hay un cambio reciente. Una subida rápida de kilómetros después de un parón. Series nuevas metidas de golpe. El salto del asfalto a la pista o al revés. Zapatillas agotadas, o zapatillas nuevas muy distintas a las de siempre. Y la más habitual de todas, volver después de unas semanas parado queriendo estar donde estabas en junio.
A ese cambio se le suma lo que ya traías puesto. Poca fuerza en la pantorrilla y en el pie, que son los que amortiguan de verdad. Una zancada larga con cadencia baja, que hace que cada apoyo pese más. Y semanas sin un solo día fácil, corriendo siempre al mismo ritmo cómodo pero exigente.
Casi nunca es una sola cosa. Suele ser un cambio de carga cayendo sobre una pierna que no estaba preparada para absorberlo.
Por qué parar del todo no la cura
Aquí está el bucle en el que se mete mucha gente. Paras tres semanas, el dolor se va, vuelves a correr y a la segunda o tercera salida está otra vez ahí, a veces antes que la primera vez.
Tiene sentido. Parar quita el estímulo que dolía, así que el dolor baja. Pero la capacidad de la tibia no ha mejorado durante ese descanso, y la fuerza de la pantorrilla probablemente haya bajado un poco. Cuando vuelves al punto donde lo dejaste, le estás pidiendo lo mismo a una pierna que aguanta algo menos. El reposo apaga el síntoma y no toca la causa.
Lo mismo pasa con las cremas, el hielo y las medias de compresión. Ayudan a estar más cómodo, y estar cómodo no es poca cosa, pero ninguna de las tres cambia lo que tu tibia es capaz de tolerar el mes que viene.
Qué sí funciona
Lo primero es ajustar la carga sin llegar al cero absoluto. En la mayoría de los casos no hace falta dejar de correr, hace falta correr distinto durante unas semanas: fuera cuestas y series, fuera los rodajes más largos, y mantener el trote suave que no duele mientras corres ni al día siguiente.
Lo segundo, y es lo que marca la diferencia, es subir la capacidad. Fuerza de gemelo y de sóleo, progresiva y con peso, trabajando tanto con la rodilla estirada como flexionada, porque no son lo mismo. Fuerza del pie, que casi nadie entrena. Y trabajo de cadera, que es donde empieza a organizarse la zancada.
Lo tercero es la zancada. Acortarla un poco y subir ligeramente la cadencia reduce el impacto de cada apoyo. No es magia y no hay un número mágico igual para todos, pero da margen mientras la pierna se pone fuerte.
Y lo cuarto, volver a subir kilómetros despacio, con paciencia, sabiendo que el hueso tarda semanas en adaptarse aunque el dolor se haya ido en días.
Cómo evitarla
La prevención de la periostitis no tiene misterio, tiene constancia. Sube el volumen poco a poco y no recuperes de golpe lo que perdiste en un parón. Deja días fáciles de verdad, fáciles de aburrirse. Alterna superficies en lugar de machacar siempre el mismo asfalto. Cambia las zapatillas cuando toque y no estrenes modelo la semana de una tirada larga.
Y sobre todo, mete dos sesiones de fuerza a la semana. Media hora bien hecha de pantorrilla, pie y cadera protege más que cualquier plantilla, cualquier crema y cualquier calcetín técnico.
Una última cosa, que es la que más veo fallar. La espinilla que molesta tres días y se calla es un aviso barato. La que lleva dos meses doliendo sale mucho más cara, en tiempo y en carreras perdidas. Si el dolor lleva más de una o dos semanas contigo, o si vuelve cada vez que subes kilómetros, merece la pena que alguien mire cómo corres y cuánta carga estás aguantando de verdad, antes de buscar la siguiente crema.
José Manuel Rubio Pablos es fisioterapeuta (colegiado nº 11506) y dirige RP Clinic · Centro de Fisioterapia Avanzada, en Móstoles, servicio oficial de fisioterapia del CD Móstoles URJC. Más sobre su trabajo con deportistas en RP Clinic.
Este artículo es informativo y no sustituye una valoración presencial.