Crónica de la IX Carrera Popular del Corazón por José Luis Búrdalo

Una de las carreras de Madrid que se aproximan a la decena de ediciones, otra clásica, que discurre por La Casa de Campo con salida y llegada en Madrid Río.

Carrera en sábado, toca aparcar pagando, así que el aparcamiento del Centro Comercial Príncipe Pío es la mejor opción en casos así.

Al salir a la calle, multitud de corredores encaminándose hacia la zona de salida, una temperatura de lo más agradable, unos 16 / 17 grados que invitaban a trotar un poco para coger algo de temperatura, aunque se me olvidó pronto… en el Puente del Rey me paro a saludar a un corredor con el que estuve charlando también en la Carrera de las Fiestas de la Elipa, apenas 15 días antes y enseguida empiezo a encontrarme con gente conocida, Juan Luis, José Ginés, María, José Luis, César y se me olvida calentar, cuándo me quiero dar cuenta, pistoletazo de salida y toca encarar el Paseo del Embarcadero girando hacia la izquierda desde la salida… esta carrera tiene poco que comentar a nivel de recorrido, La Casa de Campo ofrece múltiples opciones (empezando por la dichosa Tapia) que permiten disfrutar de un entorno maravilloso para hacer deporte y, el recorrido de esta prueba ya me lo conozco, soy más que consciente que los cinco primeros kilómetros son de subida constante con un par de repechos potentes, aunque no recordaba que el recorrido ni toca prácticamente nada de caminos y, confundido con otras pruebas en La Casa de Campo, salí con zapatillas de trail, algo más pesadas, con tacos pero con las que me encuentro relativamente cómodo cuando corro en asfalto pues tienen una determinada rigidez que ayuda mucho a mis pobres tobillos.

Tras el Paseo del Embarcadero llega el Paseo Azul, primer kilómetro y en breve, 500 mts más adelante, el primer repecho importante en el Paseo Piñoneros y Camino Príncipe hasta superar el segundo kilómetro, un pequeño respiro desde el kilómetro 2,10 hasta el 2,30 para arrancar en el Paseo María Teresa la subida continua hasta mitad de carrera, en el Camino Robledal y Paseo de la Venta, algo más de dos kilómetros y medio interminables con unos 50 metros de desnivel, pero que se hace especialmente duro a partir del cuarto kilómetro (por cierto el cuarto kilómetro real, no el que figuraba en el cartel indicador, todos nos mirábamos extrañados y mirábamos los relojes, el cartel indicador del cuarto kilómetro estaba colocado como mucho antes, como en el 3,50…), la calzada se divide por la mitad con conos para separar a los que subíamos de los que bajaban ya como locos… y al final de la bajada, la promesa refrescante de avituallamiento líquido… tocaba apretar los dientes y subir ese tramo de poco más de un kilómetro que se hace interminable, ves gente bajar pero es que parece que nunca vas a llegar arriba para respirar y comenzar a bajar; el Paseo de la Venta llega a una pequeña rotonda dónde estaba situado el avituallamiento y da paso a la Carretera Zarzón, entre tanta gente por delante subiendo y tanta gente bajando en sentido contrario, casi no se llega a ver el punto de giro hasta que no está encima, pero uno se motiva un poquito más cuando de repente ves corredores pocos metros por delante que de repente los tienes de frente y se completa la subida girando 180º en un núcleo con tres vallas móviles.

Nada más girar, casi sin fuerzas, uno suelta el poco aire que le queda, agarra un par de buenas bocanadas y a empezar a bajar, animas a los aún están subiendo, lo mismo que los que bajaban antes hacían con los que subíamos… es la grandeza de este deporte, no hay contrincantes, hay colegas, ya vayan corriendo, trotando o andando, el caso es llegar a un nuevo arco de meta.

 

Kilómetro cinco, mirada al reloj y compruebo que voy con el mismo ritmo que llevé el año pasado en toda la carrera, 5:34 min/km, por lo que puedo tener margen de mejora… kilómetro 5,50, avituallamiento (bote de aquarius del que bebo un poco y el resto de la carrera seguiré racionando el agua congelada con la que salí) y una buena cantidad de cubos de basura durante un buen trecho, no hay excusas para dejar guarreado un entorno natural maravillo.

El perfil comienza a picar para abajo, de nuevo el Paseo de la Venta, kilómetro 7, Ronda Lago, kilómetro 8 y otra vez el Paseo María Teresa para alcanzar el kilómetro 9, dejando el Lago de La Casa de Campo a la derecha que, presentaba una curiosa estampa… ni una sola gota de agua, vallas de obra en todo el perímetro y el lago completamente drenado, observo que se están haciendo labores de mantenimiento, base de hormigón, drenajes… deformación profesional que por otro lado me lleva a pensar ¿dónde han metido todo el agua?, ¿fauna y flora?, siento interés y busco en casa noticias al respecto y resulta que lleva vacío desde finales de 2017 y ha aparecido de todo, muebles de todo tipo y hasta fardos de droga.

Una vez abandonado el perímetro del Lago, nuevo paso por una parte del Paseo del Embarcadero y atravesamos la Huerta de la Partida que desemboca con giro a la izquierda en la recta de meta en Madrid Río.

Durante los cinco kilómetros de bajada voy ojeando el reloj y voy comprobando que cada kilómetro recorto tiempo y los 5:34 min/km del kilómetro 5 se transforman en 5:23 min/km en meta por lo que termino muy satisfecho, pensando que al día siguiente tenía otra carrera (V CARRERA SEMANA NAVAL) y que seguramente me había vaciado y me quedaría poco fuelle para el domingo, pero en ese momento ya daba igual, recogí los obsequios de final de carrera (alucinante… nunca me habían dado un saquillo de patatas “al natural”), de nuevo un rato de charla con sospechosos habituales, conocer a otros nuevos, recuperar el aliento, “comentar la jugada” y repetir una vez más “lo durilla que es La Casa de Campo”, aún así, seguro que todos estamos pronto de nuevo por allí.

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