XIX Movistar Medio Maratón de Madrid por José Luis Búrdalo

Y tras el Cross de Sanchinarro el 6 de abril, al día siguiente tocaba una de las grandes pruebas del calendario popular en Madrid, el XIX MOVISTAR MEDIO MARATÓN MADRID y, aunque el compañero Álvaro ya hizo su crónica, la de un tío que vuela en carrera… yo tengo que hacer la mía, la de un tío algo más patético pero que cinco años después sigue encontrando motivación y ganas para correr.

Tal como ya conté en la crónica anterior, corrí el Cross el sábado para forzar un número redondo, que el medio maratón fuese mi CARRERA 150… la verdad es que he de reconocer que en el Cross me lo pasé pipa, así que no me arrepiento para anda de haberlo encajado antes de un medio maratón.

Además, el XIX MOVISTAR MEDIO MARATÓN es la única prueba a la que no he fallado ningún año desde 2015 (para el que no lo sepa, mi primer dorsal fue en el Derbi de las Aficiones de 2014, el segundo en Ponle Freno y el tercero ya en 2015… por aquel entonces, el Asics Medio Maratón de Madrid fue mi sexta carrera, menuda locura hice en aquel momento) por lo que este año 2019 serían CINCO AÑOS, todo muy redondo, 150 CARRERA, CINCO AÑOS.

El Edp Rock´n´Roll Medio Maratón Madrid iba por el mismo camino, cinco participaciones (aunque la primera en 2015 fue en 10 kilómetros, una vez comprobé que podía terminar un medio maratón, fue tarde para inscribirme y solo pude acceder a 10 kilómetros) pero, la rotura de una costilla tres días antes de la prueba en 2017 me fastidió la estadística.

Bueno, al lío en lo tocante a la prueba. Como siempre en este tipo de eventos tan significativos, buena Feria del Corredor en la que recoger dorsal y camiseta con cierta rapidez y dar una vuelta para ver y/o comprar cosas interesantes, la verdad es que llevaba algo en mente que no encontré (no estaba el stand de una marca concreta que esperaba estuviese) pero por otro lado, pude adquirir las zapatillas conmemorativas del evento, no en el 47 que me hubiese quedado de lujo para correr, pero si en un 46 que, si bien seguramente no podré usar para correr, para uso de paisano quedan geniales.

Estas carreras con un recorrido tan amplio precisan de una planificación previa… ver dónde aparcar para no quedarse encerrado dentro del recorrido, si bien en este caso solo es medio maratón, por ejemplo, en el maratón de Madrid es toda una odisea… se puede uno quedar con el coche encerrado hasta bien entrada la tarde.

Aparqué cerca de la Ronda de Atocha y llegué con tiempo, por lo que la primera parte de agobio estaba solucionada, el cielo estaba ligeramente cubierto y tenía mis serias dudas si llovería o no, allí me encontré con Ángel y Cristina, dos tercios del Comando Móstoles de camino a la zona de salida.

Una vez listo, yo también me encaminé hacia el Paseo del Prado mezclándome con cada vez mayor número de corredores y es que esta es una de las dos pruebas grandes de abril en Madrid y seguramente, junto con algunas otras más a lo largo del año, tipo San Silvestre, Derbi de las Aficiones, Madrid corre por Madrid, Carrera Ponle Freno, Carrera Contra el Cáncer, etc… de las más multitudinarias.

Uno se mezcla entre tanto corredor y ves de todo, gente calentando, gente calentando como si no hubiese un mañana y muchos kilómetros por delante… evidentemente, gente que se juega algo en pruebas así, nervios, fotos y postureo, amistad, risas, mucha sonrisa puesta en las caras pese a que estuviese nublado e incluso con algo de fresquete… sensaciones alucinantes antes de empezar una carrera que nos lleva por medio Madrid.

Poco antes de llegar a Neptuno dispuestas a ambos lados de la calzada, varias mesas con las medallas finisher colocadas (madre mía, con la que se lio al final con las dichosas medallas), me encanta la imagen y decido hacer unas fotos… alguien de la organización me dice si quiero hacerme una foto con la medalla y le digo que no, algo así como los jugadores de fútbol que salen a una gran final y no quieren ni tocar ni mirar el trofeo, no sea que les de mala suerte… les digo que en un par de horas vuelvo a por una tras dar “una vueltecita por Madrid”.

Superado Neptuno, en zona de roperos empiezo a ver caras conocidas, Nacho, Ismael, Carlos… muchísimos Forrest, entre ellos Jesús (foto, foto… que nunca son suficientes), y también andaban por allí David y Marta de Mapoma.

Poco a poco se fue llenando la zona de salida y nos fuimos apretando, aunque realmente en estas pruebas con tantísima gente, desde que se da el pistoletazo de salida hasta que uno pasa por el arco de salida, el tiempo se hace eterno… máxime los que salimos en posiciones más retrasadas, empiezas a andar, a trotar, de repente frenazo… en fin, el caso es que finalmente alcanzamos el arco de salida y empezaba mi carrera 150 que arrancaba junto a Ismael y Carlos.

Arrancamos en el Paseo del Prado para girar de inmediato hacia la Calle de Alcalá, poco más de 600 metros de subida y giro a la izquierda hacia la Calle de Velázquez, también subida, cerca de kilómetro y medio de subida continua, tendida pero continua, sin ser demasiado dura y estando dentro de los primeros dos kilómetros se lleva bien, la calle está completamente llena de corredores, es todo un espectáculo mirar hacia adelante y hacia atrás y ver una calle llena de color en un evento así.

A mitad de la Calle de Velázquez, nos alcanzan Ángel, Diego y Javi (Mapoma Runners los dos primeros, Mapoma Ambassador el tercero) y charlamos con ellos unos metros, Ismael aprovecha para su típico video de comienzo de carrera… los tres van más ligeros y poco antes de girar hacia la Calle Diego de León se van marchando.

Giro a la izquierda a Diego de León y rápidamente otro giro también a la izquierda hacia la Calle de Serrano, ambas con perfil descendente y muy rápidas para dar paso al Paseo de Eduardo Dato y su paso elevado sobre el Paseo de la Castellana. Ismael corre esta prueba por primera vez y le cuento la extraña sensación que me invadió en ese punto cinco años atrás, al paso de todos los corredores, el paso elevado vibraba, era como un pequeño terremoto.

Como ya me conozco el recorrido, que permanece invariable con la excepción de los últimos kilómetros al no entrar en El Retiro y la prolongación en Castellana para sumar la distancia necesaria, le voy anticipando a Ismael lo que viene y le digo que conserve, que del quinto kilómetro en adelante toca la primera parte dura de la carrera.

Giramos ligeramente a la izquierda en la Glorieta de Rubén Darío para coger la Calle de Almagro hasta la Glorieta de Alonso Martínez, justo en el kilómetro 4 y empezamos a subir por la Calle Sagasta, hace pocas semanas también subíamos por esa misma calle en la Carrera por los Huérfanos de la Violencia de Género y así me lo indica Ismael.

En Sagasta el perfil de la calle ya empieza a picar para arriba y le vuelvo a recordar a Ismael que todavía nos queda subir Bravo Murillo y Castellana.

Giro a la derecha en la Glorieta de Bilbao y subida por la Calle de Luchana hasta la Plaza de Chamberí, quinto kilómetro justo antes de llegar a la plaza y encarar hacia la izquierda la Calle de Santa Engracia, ahí le cuento a Ismael que, como todos los años, seguro están los bomberos animando con las sirenas a toda leche… y así es, poco después del avituallamiento, a la altura del Metro de Ríos Rosas y del kilómetro 6, pasamos frente al Parque de Bomberos.

Continuamos en dirección a la Glorieta de Cuatro Caminos y empieza lo bueno, toca subir Bravo Murillo, prácticamente dos kilómetros y medio de una calle que “tiene su aquel” pues pese a que tiene un par de punto con una ligera bajada, la calle sube y sube y sube hasta Plaza de Castilla y sobre todo los últimos quinientos metros a mí se me hacen eternos.

Hasta 2017, llegabas a Plaza de Castilla y “respirabas”, se había terminado subir y se atravesaba la Plaza para encaminarse hacia la Calle de Mateo Inurria, pero desde 2018, hay que seguir subiendo un poco más, otro kilómetros por el lateral del Paseo de la Castellana para cruzar al otro lado por la Avenida de Monforte de Lemos, a mitad de la subida estamos en el kilómetro 10 y hemos invertido un tiempo de poco más de 57 minutos, las cuentas van camino de dos horas y pocos minutos, pues en la segunda parte de la carrera, aunque se supone que el perfil no es tan exigente, el cuerpo nota el paso de los kilómetros.

Ya en sentido bajada del Paseo de la Castellana, llegando al kilómetro 11 nos encontramos el segundo avituallamiento muy cerca de Plaza de Castilla y nos dirigimos hacia la izquierda a la Calle de Mateo Inurria, le recorrido toma cierto nivel descendente que se agradece y si bien hasta llegar a Plaza de Castilla, hemos subido prácticamente todo el camino en sombra, son cerca de las 10:20 horas y ahora gran parte de la carrera toca con sol, la nubes del comienzo de carrera desaparecieron e incluso aprieta un poco el calor.

A mitad de Mateo Inurria alcanzamos el kilómetro 12 y poco antes del 13, giramos a la derecha hacia la Avenida de Pío XII, preludio de la Calle del Príncipe de Vergara que, pese a lo mucho que se diga de “perfil descendente”, evidentemente, en el computo total de la carrera, ambas vías, Pío XII y Príncipe de Vergara son descendentes, pero quien conozca bien Madrid sabrá que realmente es una sucesión de toboganes, subidas y bajadas que acaban acumulando perfil descendente, pero no es una bajada continua y lo que es casi peor, es que Príncipe de Vergara se trata de una calle tan larga y tan recta que vas corriendo y vas viendo perfectamente los pequeños tramos de subida que tienes por delante.

A partir del kilómetro 14 empecé a acusar el cansancio del Cross de Sanchinarro del día anterior y para colmo, kilómetro 15 o 16, empecé a notar una ampolla en la planta del pie derecho, iba a tocar correr incómodo el último tercio de carrera.

Poco antes de llegar al cruce con la Calle de Alcalá y giro hacia la izquierda en la Calle de O´Donnell, kilómetro 18, veo que no voy a poder ir lo rápido que quiero y que Ismael va un poco mejor, así que le animo a que tire.

Giro a la derecha en la Avenida de Menéndez Pelayo para bajar por el lateral del Parque del Buen Retiro hasta la Plaza de Mariano de Cavia, kilómetro 20, Ismael ha cogido unos cuantos metros y yo me concentro en “no escuchar” a la ampolla que no hace más que decirme “estoy aquí, a que jode, estoy aquí, a que jode…” en cada paso y aguantar la tentación de parar.

Menéndez Pelayo llegando a la Plaza de Mariano de Cavia es una zona con muchísima pendiente descendente, una zona ideal para volar (si llevas fuerzas) y más si te han animado a tope la gente de Tigers que estaban en la confluencia con la Plaza del Niño Jesús… personalmente, con mantener el ritmo me servía.

Kilómetro 20, Paseo de la Reina Cristina y Paseo de la Infanta Isabel, dejando a la derecha la Calle de Alfonso XII, antaño punto de paso obligado, subida hacia la Calle de Alcalá para terminar esta carrera en el Paseo de Coches del Retiro, la Calle de Alfonso XII, la calle de los desfibriladores que escuché en mi primera participación (y así fue, en 2015 estaban atendiendo a un corredor en dicha calle) era una verdadera pared que aparecía en el kilómetro 19 a 20 de la carrera, una putada muy grande.

Ahora la cosa es distinta, el final de carrera es mucho más suave y ha perdido esa parte épica que tenía, simplemente trotar y conservar las fuerzas para acometer los últimos metros, llegar al kilómetro 21 en el Paseo del Prado y encarar el arco de meta a las puertas del Jardín Botánico.

Termino en 2:04:11 un par de minutos más de lo que sinceramente esperaba, pero muy contento pues hacía algún tiempo que no completaba medio maratón sin alguna pájara que me obligase a echar pie a tierra unos metros.

Enseguida veo a Ismael que ha llegado antes ese par de minutos que yo esperaba haber rebajado, nos felicitamos y casi se nos olvida que había que pasar a recoger la medalla finisher y por lo que parece, debimos ser de los últimos que conseguimos la nuestra, pues poco después la organización se quedó sin medallas. No voy a entrar en algo que ya se ha visto en redes sociales y que la organización ha subsanado enviando las medallas a aquellos que no la pudieron recoger en meta… al parecer no fue falta de previsión aunque si falta de control en la entrega, de manera que allí metía la mano todo aquel que pasaba y cogía medalla, tuviesen o no una, hubiesen o no corrido.

En fin, a mí personalmente, tener una medalla que no he sudado y no me he ganado, es que no me dice nada, pero hay gente para todo.

Ya en zona postmeta más caras conocidas, José Luis, César, Jorge, Cristian, Juan Manuel… más Forrest, ¡Emilio de Villota!

En definitiva, muy contento de haber superado mi carrera 150 y con ganas y determinación de ir a por otras 150, aunque antes tendré que contabilizar otro número redondo, 200.

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