Última crónica del 2018 por José Luis Búrdalo

…Y SE ACABÓ 2018

Mucho trabajo y poco tiempo para escribir crónica de las carreras y ya entrados 11 días en 2019, tocaba sacar un rato y relatar un poco las experiencias de las dos últimas carreras del año 2018.

La última semana de noviembre y diciembre han sido un caos absoluto, los dos trail que hice en noviembre me dejaron muy tocado mi tobillo izquierdo y las consecuencias han sido malas… desde siempre he pisado mal, prono muchísimo y del tobillo izquierdo, una barbaridad (ver fotografía de la última recta en la Carrera Popular de La Elipa, el apoyo de mi pie izquierdo roza lo antinatural), los trail me han fastidiado bastante el tobillo y me obligaron a perderme varias carreras a las que estaba inscrito en diciembre y entre todas ellas, la que más me escoció fue no estar en los 11 kms de la Media Maratón de Guadalajara, más que nada, por la medalla finisher que me perdí.

En alguna ocasión he contado que uno de mis propósitos 2018 era llegar a 50 carreras, 50 dorsales aunque realmente, de inicio, era superar las 36 carreras de 2017, llegar a 40 parecía sencillo, rascar cuatro carreras más al calendario no se antojaba complicado, pero cuando empezó a avanzar al año y empecé a hacer número, veía que llegar a 50 era muy probable es más, antes de empezar a tener problemas y dolor en el tobillo incluso llegar a 60 con un diciembre loco se abría paso en el horizonte… bueno, también me había propuesto hacer 6 medios maratones (hasta ahora el máximo por año habían sido tres) y eso quedó cubierto en abril, fuese como fuese, 2018 estaba llamado a ser un gran año, más medios maratones y más carreras que ningún otro año.

El caso es que a principios de diciembre, con el tobillo dañado, debiendo dejar pasar carreras, me plantaba en 47 el 2 de enero y volviendo a fastidiarme tras la carrera, perdiendo el Cross de La Elipa, dos carreras del Día de la Constitución, los mencionados 11 kms de Guadalajara y la Legua de Arganda, 5 carreras nada menos y me planté en la Jarama María de Villota (hasta ahora mi última crónica), 48 carreras, de nuevo dolor al terminar, día 24 de diciembre, una semana por delante y debía elegir bien, se caían varias San Silvestres y me decantaba por darlo todo, fuese como fuese, los dos últimos días del año, el 30 de diciembre en la VIII SAN SILVESTRE VILLAVERDE ALTO y el 31 de diciembre en la mítica SAN SILVESTRE VALLECANA.

Primer acto: VIII SAN SILVESTRE VILLAVERDE ALTO

Pocas semanas después de correr por el Parque Plata y Castañar con ocasión de la CARRERA POPULAR POR EL DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO, volvía al mismo sitio para disputar esta prueba, muy corta, poco más de tres kilómetros y medio, lo justito para arriesgar el tobillo lo mínimo posible y sumar el dorsal 49.

La carrera se disputaba a las 12 de la mañana, carrera pequeñita, de barrio, de esas que molan mucho de vez en cuando, huyendo de las pruebas muy masificadas, pero no por ello una carrera aburrida, para nada, recorrido bastante plano, gente animando pese al frío que hacía y nada mal un vasito de chocolate caliente antes de empezar a correr.

Allí me encontré con Ismael que había convencido a su marido para correr y resulto ser “el tapado”, a ratos nos sacaba unos metros… y eso que no le hacía mucha gracia esto de correr; también esperaba ver al Juan Luis, el cual llegó justo al pistoletazo de salida, con el tiempo mínimo para saludarnos, felicitarnos las fiestas y ya le perdí de vista, una máquina, hizo el recorrido en algo menos de 15 minutos, eso sí, le tengo que agradecer alguna fotografía mía durante la carrera.

Ritmo de 5:28 min/km, dorsal 49 “a la saca”; algunas molestias tras la carrera, réflex y pie en alto el resto del día.

Segundo acto: SAN SILVESTRE VALLECANA

El 31 de diciembre tenía en mente correr la San Silvestre de Alcalá y por la tarde la Vallecana, pero Alcalá tendría que esperar a otro año, tenía que asegurar el dorsal 50… el 31 era consciente que me iba a hacer daño, pero me encontraba ante un momento ÚNICO en mi vida, al menos hasta ahora, nunca antes había corrido 50 pruebas en un año y yo, que me he pasado media vida viendo en la televisión en Nochevieja gente corriendo la San Silvestre y pensando “eso lo tengo que hacer al menos una vez en la vida, aunque sea andando”, algo que pensaba antes de que correr se convirtiese en una parte importante de mi vida desde el verano de 2014 y, me encontraba ante ese momento ÚNICO, arrancando como estoy arrancando 2019 parado, es probable que este año no llegue a 50, es más, no es algo que tenga ahora en mente, en 2019 iré sumando y punto… pero hace 12 días era todo o nada, no correr era dejar la cifra en 49 (que no estaba nada mal), correr como fuese, era redondear la cifra y sentirme muy orgulloso y satisfecho.

Rutina habitual de esta carrera, desayunar fuerte, fruta a la hora de comer y salir con tiempo en dirección a Vallecas, para aparcar y desplazarme hasta la salida en transporte público sin prisas ni agobios, ese era el plan y empezó bien.

Llegué con mucho tiempo, aparqué y me probé andando un buen rato para calentar el tobillo y ver como reaccionaba, tenía punzadas y algo de dolor, pero soportable, de vuelta al coche tres tobilleras para rigidizarlo al máximo, ropa de faena, accesorios y de camino a la estación de cercanías de Asamblea de Madrid.

Llego al vestíbulo de la estación y me encuentro con una cantidad de corredores haciendo cola alucinante, un par de máquinas expendedoras que solamente funcionaban con la tarjeta de Renfe que nadie teníamos, dos ventanillas de taquilla de las que solo operaba una y, dos máquinas más expendedoras para compra de billete que estaban saturadas, para colmo, cuando quedaba poco para que me tocase, la máquina se bloqueó y tocó cambiar de cola… una barbaridad, media hora que tenía de margen de tranquilidad se esfumó en el vestíbulo de la estación.

Este año que no he conseguido homologar un tiempo por debajo de 50 minutos (50:54, maldita sea…) me tocaba salir en el primer cajón de la segunda oleada, salir a las 17:45 en lugar de a las 17:30, miraba el siguiente tren anunciado mientras me quedaba una persona delante para sacar el billete, llegaba en un minuto, el siguiente 10 minutos después y eran las 17:25, 20 minutos de trayecto, empecé a hacerme a la idea que no llegaría a tiempo y saldría en tercera oleada.

Cogí el billete y bajé las escaleras todo lo rápido que pude, el minuto de llegada del tren la verdad es que fue un poco más largo pero cuando llegué al andén me encontré grupos de corredores que no subían, literalmente era imposible, los vagones estaban saturados, no se podían cerrar las puertas, en el primer vagón que tenía delante no había hueco posible pero de reojo atisbé un mínimo hueco en otra puerta y para allí que fui encajando como buenamente pude mis 100 kg, dos pies del 46 largo y 185 cm de altura retorcidos para caber… las puertas del vagón se cerraron rozándome las zapatillas.

Hasta la siguiente parada iba con el cuerpo completamente pegado a la puerta y con la forma curva de la misma, de lado… llegando a Atocha me dolían los riñones, menudo trayecto me esperaba, menos mal que en Atocha bajó bastante gente. Nada más arrancar en Atocha una pareja me preguntaba a que hora era la salida, eran las 17:30, les explicaba que los primeros cajones ya estaban corriendo.

Llegada a Nuevos Ministerios, una marabunta de corredores nos dirigíamos a la salida de la estación, 17:38 aproximadamente… tocaba apretar el paso para llegar a tiempo y así fue, entré en el cajón por los pelos, con el tiempo justo de hacer una foto para el postureo en redes sociales y poner en marcha el reloj mientras pasaba por delante del escenario, como siempre, salida espectacular, amenizada en esta ocasión por Carlos Jean y Raul Gómez.

Salida en la Plaza de los Sagrados Corazones, poco menos de 500 m de subida de la Avenida de Concha Espina y en este punto siempre se produce una imagen espectacular, una avenida tan ancha completamente llena de corredores, por delante y por detrás, es alucinante el volumen de gente que mueve esta prueba y, eso tiene su parte mala, no hay forma de correr cómodo, para colmo, nada más girar a la derecha hacia la Calle de Serrano un frenazo brusco hasta prácticamente a pararnos, este año parecía que el recorrido vallado de salida se prolongaba más que otros años para evitar y retrasar todo lo posible la entrada de corredores sin dorsal pero aun con esas, es inevitable que tanta gente no quepamos literalmente en las calles. El primer kilómetro sale en 6:13 min/km, corro con molestias que achaco a que “estoy frío”.

Los siguientes tres kilómetros discurren por la Calle de Serrano, perfil mayoritariamente descendente, aunque tiene sus repechos, por ejemplo, a la altura del cruce con la Calle del General Oraá, a la altura de la Embajada de Estados Unidos, pero a grandes rasgos es una calle que se lleva bien, sale a una media de 5:36 min/km.

La cantidad de gente sigue siendo agobiante e incluso me cuesta quitarme de delante un par de corredores con disfraces enormes, ocupando mucho espacio, no sé, una cosa es disfrazarse, otra es parecer que llevas un armario ropero encima.

Música en directo en la Puerta de Alcalá, mucha gente animando y encaramos la bajada de la Calle de Alcalá para encarar el Paseo del Prado, bajada fuerte y me pongo en modo conservador, el siguiente kilómetro (quinto) a la altura del Museo del Prado, sale a 5:47 min/km, en Atocha más música en directo y ligero desvío hacia la derecha para entrar en la Avenida Ciudad de Barcelona, sexto kilómetro, sigo a 5:47 y la Avenida se queda estrecha, es agobiante, no hay forma de progresar.

Empiezo a recordar que el año pasado llovió a base de bien hasta esa zona, de ahí en adelante dejó de llover, pero los primeros seis kilómetros fueron bajo un aguacero, como me gusta correr con lluvia.

El séptimo kilómetro llega poco antes de pasar bajo Doctor Esquerdo y reconozco que me confundí, con lo bien que me conozco Madrid, con lo que lo pateo habitualmente, llevaba un rato viendo el paso bajo el puente pensando que era el arranque de la Avenida de la Albufera y me puse en modo todavía más conservador, así que el séptimo kilómetro salió en 5:53 min/km aunque estos tiempos los estoy viendo ahora en la aplicación, durante la carrera apenas distinguía los dígitos en el reloj y eran sensaciones… de nuevo música en directo bajo Doctor Esquerdo y el chasco al ver que todavía no se había terminado la Avenida Ciudad de Barcelona, pero ya me daba igual, mi cabeza ya estaba puesta en Vallecas.

Poco antes de llegar al octavo kilómetro pasamos bajo la M-30, una vez más, música en directo y arrancábamos la dichosa Avenida de la Albufera, algo menos de un kilómetro eterno de subida continua que no hace otra cosa que picar para arriba y que parece que cada manzana superada pica un poco más hacia arriba, en 2015 subí con un brío alucinante, el año pasado pinché a mitad de subida y tuve que rematarla andando, en 2018 con el tobillo cascado y pidiéndome a gritos que no le diese más guerra tenía muy claro que si me paraba, que si echaba a andar el tobillo no me iba a dejar volver a arrancar y trotar hasta meta, así que tenía que seguir trotando, despacio, pero sin parar… 6:40 min/km, conseguí no parar, es más, cuando ya estaba a punto de rendirme, pensando “bueno, he subido un tramo bastante grande, no andaré mucho” levanté la mirada del asfalto y empecé a ver corredores que giraban a la derecha, a la Calle Sierra de Cadí, se había terminado lo peor. La cantidad de gente animando en Vallecas es brutal, es para vivirlo, seguramente es el momento en el que uno va más jodido, va más despacio y te da más tiempo a mirar a los lados, a chocar la mano de los chavales al paso, pero lo de la gente de Vallecas en la Avenida de la Albufera y hasta el final del recorrido no tiene nombre, es alucinante, un año, otro año… y los pelos como escarpias.

Al llegar al noveno kilómetro sencillamente me dejé llevar por la marabunta por la Calle Martínez de la Riva, giro casi de 180º hacia la izquierda, aunque de amplio radio para encarar la recta de meta en la Calle de Candilejas.

Meta en poco más de una hora (1:00:04) mi peor tiempo en una San Silvestre Vallecana pero en ese momento me daba todo igual, me sentía pletórico, inmortal, cerraba 2018 con nada menos que 50 dorsales, 50 carreras en un año, algo que nunca antes había hecho y lo conseguía con 46 años a mis espaldas.

Una vez paré, dolor agudo en el tobillo, llegar al coche cojeando fue un suplicio y no os cuento la mañana siguiente… veía que no podía llegar al servicio desde la cama, llegué a pensar en la posibilidad de reptar, así se triste y cierto.

Ahora mismo, 11 días después estoy tratando de hacerme a mis nuevas mejores amigas, unas plantillas que la verdad, en el pie derecho noto que me sujetan un montón, en el izquierdo, mi peor pie, noto sujeción pero no tanta como a lo mejor podría o querría, seguramente si forzase más la posición de la plantilla me dolerían las rodillas, pero habrá que ir adaptándose… el podólogo me ha dicho que en una semana podré empezar a trotar, primero acostumbrarse a andar con ellas, después trotar y a ver como arranco… entre los excesos navideños, días sin correr en diciembre y enero, nueva pisada, va a ser casi como empezar a correr de nuevo así que de momento a 2019 no le pido nada más que volver a correr con cierta solvencia y empezar a sumar dorsales, a ver si hay suerte, que el primero debería ser nada más y nada menos que la vigésima edición del Medio Maratón Ciudad de Getafe (27 de enero).

Feliz Año 2019 cargado de kilómetros.

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