Movistar Medio Maratón de Madrid por Álvaro Palacios

Frío, mucho frío. Desde por la mañana sentía una tiritera constante. ¿o quizás serían nervios? Quien sabe…

Un año más y por tercer año consecutivo me disponía a correr la Media maratón de Madrid. Una carrera de la que guardo muy buenos recuerdos. Fue hace 2 años mi primera media maratón (cuando terminaba en el Retiro) un lugar inolvidable para finalizar un reto tan duro.

Pero este año, si la finalizaba iba a suponer ya mi décima media maratón. Me puedo autoproclamar ya un pequeño sabio de esta distancia. Ya me sé gestionar esta distancia tan competitiva y a la vez tan dura. Y este año, quizás ha sido mi mejor pre-carrera , es decir, mi mejor gestión de una carrera antes de comenzarla. Sabía dónde iba a sufrir, donde tenía que aguantar y donde tenía que darlo todo.

Pistoletazo de salida tímido y ¡EMPIEZA LA CARRERA! Gracias a que iba en un cajón mucho más rápido, me permitió poder hacer un comienzo de carrera más fluido y no tan trastabillado y arrítmico como en otras carreras tan masificadas.

Tenía ganas de Madrid, tenía ganas de ver edificios por doquier, personas a todos lados animando, niños chocando manos, gritos, saludos…  Esta carrera es puro Madrid. Desde el km1 al 21.

Del 1 al km 5 intento coger un ritmo fuerte, es muy importante para motivarte a ti mismo, empezar con fuerza, pero es un arma de doble filo que te puede dejar en la estacada pronto si no sabes lidiar con tu propio ego. Pero si algo he aprendido del running es eso mismo. Lidiar con mis motivaciones, mis retos, mis ganas. Es importante tener la mente fría y ser constante.

Los bomberos nos pitan con su precioso camión sobre el km 6 (que recuerdos de la maratón del año pasado) Los ruidos del ambiente me insuflan energía para afrontar la temida calle Bravo Murillo, quizás la parte más exigente de esta carrera. 

-Si toca cuesta larga, ya sabes Álvaro. Agacha la cabeza, puntillas y “pa lante” (me decía)

Sabía que si lograba mantener un ritmo en torno a 4:10 4:20 durante los primeros 10km podría optar a hacer sub 1:30 en la media.

Superados los primero 10 kms como yo quería, con un ritmo alegre, algo reservón pero constante, empecé a afrontar el verdadero reto de “mi carrera” poder hacer los últimos 10km en un ritmo de 4 o alrededor.

Bajé de plaza Castilla como loco, ya nada me paraba, ni mente fría ni leches. Toca desatarse de la cordura y empezar a correr con el corazón y con las ganas.

A lo mejor no es la forma más recomendable, a lo mejor me podía haber salido mal, pero por algo entreno tanto. Entrenar hace que puedas aplicar algo de locura a tus carreras. Y probablemente sin esa pizca de locura, no haya cumplido todo lo que me he propuesto.

Bajo Príncipe de Vergara  como un rayo, empiezo a adelantar a gente, llego al Retiro (el antiguo final de esta carrera) y en vez de pensar y de venirme abajo preso por el cansancio y los recuerdos de una meta pasada, empiezo a correr más y más rápido. Desarrollé un empuje que pocas veces había hecho. Cada vez más rápido, consigo incluso ponerme a un ritmo de 3:50. ¡Es algo de locos! Prefería ya no mirar el reloj y seguir lanzado.

Por fin enfilo el Paseo del Prado y veo mi meta y la de otras 20.000 personas. Pero en este caso mi meta era especial. Era la consecución de un entrenamiento muy duro y de un esfuerzo sobrehumano. Ya no sentía ni frío, ni calor ni sudor ni nada. Solo alegría al cruzar la meta.  Apretón propio de puños, un sonoro ¡VAMOS! En mi cabeza y así acaba otro reto más.

1 hora, 28 minutos y 27 segundos y con la sensación de poder aún mejorarlo más. Y es una sensación muy grata, porque sabes que has tenido éxito pero aún hay margen de mejora y eso siempre ayuda a seguir mejorando y entrenando.Ahora ya espero paciente a la Maratón, a que ella llegue y me haga soñar despierto de nuevo.

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