IV Tractorismo Race por José Luis Búrdalo

De nuevo por aquí… trabajo y demás zarandajas, me tienen con atraso en todo, en el propio trabajo y en el relato de crónicas runneras.

Al igual que sucedió en la anterior, el Cross de Hortaleza y la Carrera por la Fibrosis Quística, no es que se trata de una carrera en la que haya mucho que desgranar del recorrido, no hay calles, no hay descripción de “pasamos por aquí”, “giramos por allá”, pero la TRACTORISMO RACE es un rollo muy molón.

Sabía de ella y de su organización encomiable por parte de Ángel Sánchez, me quedé con las ganas en ediciones anteriores con una camiseta bien chula con el logo de la prueba y éste año la tenía entre carreras más que probables, aunque la coincidencia en fecha con la Medía Maratón de Illescas y mi empeño en este 2019 de ir a por medallas finisher, me tenía con ese primer domingo de marzo sin completar en el calendario, pese a tener el resto del mes cerrado, si bien es cierto que, tras el Cross Universidad de Alcalá, tras probarme en la etapa “post plantillas” fuera del asfalto y tras saber que en Tractorismo habría medalla finisher, la decisión se tomó sola.

Lo que no formaba parte de la decisión fue pegarme un sábado de 12 kilómetros sabiendo de la dureza de la prueba del domingo, pero como dije en la anterior crónica, el Cross de Hortaleza también se me había quedad pendiente el año pasado y “de perdidos al río”.

Dormí mal la noche del sábado al domingo, dormí con algunos calambres y agujetas y mal dormí pensando en que a lo mejor era más inteligente hacer 4 kilómetros el domingo en lugar de los 15 kilómetros con un perfil exigente… sobre todo, pensaba que en los dos Trail de noviembre de 2018 me había hecho mucho daño y aquello degeneró en un final de año frustrante, perdiendo muchas carreras y pensaba si tal vez podría pasarme lo mismo y arriesgar marzo y abril cargado de carreras intocables y a las que les tengo muchas ganas.

La verdad es que no lo tenía nada claro. Sonó el despertador a las 7:00 (la carrera empezaba a las 10:00), ritual de mañana de carreras y a las 8:00 estaba recogiendo a José Antonio para aprovechar trayecto en un solo coche hasta Villamanta, una horita de viaje charlando de carreras, pasadas y venideras.

A José Antonio le conocí (empezamos a hablar, le había visto en más carreras y resultó ser vecino del municipio) en la Carrera La Penitencia de Los Austrias, carrera que por lo consultado en el calendario de carreras de Madrid, no se disputará este año, carrera de la que hablamos cada vez que nos vemos y es que, lo dije en redes sociales, creo que lo dije también aquí, en Foro Runners, tuve la sensación de haber corrido una carrera ÚNICA, y por lo visto, así ha sido, reconozco que es una de esas pruebas que se te quedan grabadas a fuego.

Villamanta, pueblo cercano a Navalcarnero, nunca he estado en él, seguramente, salvo posibles futuros Tractorismos, sea un pueblo al que tenga que volver… pero seguro que cada vez que pase de ahora en adelante por la Carretera de Extremadura, inconscientemente a la altura de Navalcarnero se me va a escapar una sonrisilla de satisfacción.

Sabía de la asistencia del resto de compañeros de Foro Runners, de Ismael (jejeje, al que achuché para que se inscribiese lo mismo que a José Antonio, a la voz de “hay medalla finisher”), Jorge, que me lo comentó el día anterior en Hortalza, etc., pero lo que no me podía imaginar es que la mitad de Instagram y Facebook estarían allí, la lista es interminable, Ángel, Fabiola y bastantes de sus compañeros del Club de Atletismo de San Fernando de Henares, Alex, Carolina, otra Carolina… José Ramón, David… aquello fue como estar dentro de Instagram pero en la vida real.

No me cansaré de repetirlo, en este deporte no hay rivalidades (excepto, tal vez, si eres de los que te juegas triunfos), no es como otros deportes o como incluso aficionados de otros deportes que son capaces de partirse la cara por su equipo, en este deporte hay compañeros, unos corren más, otros menos, pero creo que hay un nivel de complicidad que rara vez se puede ver en otros ámbitos de la vida y la verdad, me gusta mucho ir conociendo cada vez a más gente, personas que de otra forma no sabría de su existencia y que el running nos conecta.

Había que recoger el dorsal y la verdad es que los chicos de Eventsthinker lo tenían muy bien organizado, no tuve que esperar ni un minuto y el en pabellón dónde de entregaban los dorsales y bolsas del corredor, había un ambiente alucinante y como decía, muchísimas caras conocidas y unos chupitos de caldo aneto calentito que no entraba nada mal, pues pese a que hizo mucho calor, a las 9:30 la cosa estaba que sí, que no… eso sí, mi compañero de viaje, José Antonio… nunca agradecerá lo suficiente las dudas antes de empezar, me quito o me pongo manga larga.

Ya en el campo de fútbol de la localidad, dónde arrancaba la prueba, un tractor presidiendo el pódium y un ambiente festivo y de jolgorio generalizado, la verdad es que es molaba mucho, una carrera sin chip en la que todos los participantes, tuvimos el mismo tiempo, SOLEADO, una coña de Ángel que se saca una sonrisa.

Los participantes en 4 kilómetros salían un poco después que los de 15, me puse en la salida de 15 con las piernas supercargadas, pensando en que, si me veía tocado, parar y salir a 4 kilómetros.

Arrancamos y empecé charlando con los colegas, Ismael grabando su tradicional video y al poco de salir del campo de fútbol, me pregunta José Ramón que dónde se desvían los de 4 kilómetros (él iba a esa distancia) y cuando le digo que todavía no ha salido, pues nada momento de chanza y se tuvo que volver atrás, sumó medio kilómetro más, todo suma…

Los primeros cuatro kilómetros se hacen bastante llevaderos, caminos en buen estado, perfil bastante asumible con toboganes pero nada difícil, encaminándonos al primera avituallamiento en el kilómetro 5, rodamos juntos José Antonio, Ismael y yo, aunque ellos logran ir por lo general una zancada por delante, les recupero en contados puntos, con todo, los primeros kilómetros vamos a una media 6:15 min/km, tal vez algo despacio para el perfil inicial, pero reconozco que yo les iba advirtiendo de que guardasen, lo peor estaba por llegar y para ambos era su primera aventura en Trail, por mi parte, sorprendentemente, la pesadez de piernas me duró el primer kilómetro, en seguida entre en calor y me olvidé del esfuerzo del día anterior, así que descarté volver y hacer los 4 kilómetros o esperar al tractor escoba.

El quinto kilómetro cambia el perfil y en medio kilómetro ascendemos 35 metros, primeros repechos de los de “no está mal visto andar en un Trail” y llegamos al avituallamiento, parada de relojes (7:25 min/km), beber un poco de agua, recuperar resuello y reagruparnos.

Hasta el noveno kilómetro toca seguir subiendo, pero de manera más progresiva, otra treintena de metros, pero evidentemente, mucho mejor repartidos.

Rodamos más o menos tranquilos, disfrutando del paisaje, amplias zonas de cultivo y aunque empieza a apretar el calor, de momento no es agobiante, los siguientes 4 kilómetros salen a una media de 6:12 min/km, de nuevo más rápido de lo que yo creía o quería, llegaba la primera gran dificultad del recorrido, un kilómetro para llegar al avituallamiento del kilómetro 10 con un perfil muy duro, otros 20 metros de subida en menos de medio kilómetro (7:39 min/km), en esta segunda subida se me escapan José Antonio e Ismael a los que recupero en el segundo avituallamiento.

Hagamos una parada (nunca mejor dicho) en este punto, segundo avituallamiento, si uno no quería seguir corriendo y esperar ahí a Ángel Sánchez y al tractor escoba, podía cogerse perfectamente una barra de pan, una silla y sentarse a esperar comiendo como un descosido… sándwiches de nocilla, empanada, jamón recién cortado (¡eh! y tanto, allí estaban un par de voluntarios en ello, por cierto, enormes y siempre agradecido a los voluntarios, sin ellos, estos eventos no son posibles), chuches variadas, agua, caldo, cerveza… alucinante la verdad, lo dicho, de bocata y siesta.

Era obligado probar el jamón, un par de trocitos, además de que venía gente por detrás, no era plan de llenar el estómago y acabar desperdiciando el jamón sin digerir tras cualquier matorral o árbol, alguna chuche para recuperar azúcar y agua, eso sí, imprescindible, el esfuerzo de las últimas rampas y el calor ya empezaban a ser notorios, algo más de las 11 de la mañana y nos quedaba un tercio de carrera bajo un sol cañero.

Alguna foto de recuerdo en ese avituallamiento y arrancamos de nuevo, todo lo que sube baja y el siguiente kilómetro, con las pilas cargadas y algo de descanso, sale a 5:39 y a 6:12 el decimosegundo, toca bajar lo subido y perder 40 metros en dos kilómetros, comienzo a retenerme y a conservar, si el peso me penaliza en las subidas, bajando tengo auténtico pánico a torcerme un tobillo, de hecho, tuve un mal apoyo que me dobló el tobillo derecho y pensé, uf… ahora en caliente no lo voy a notar y terminaré, pero verás esta tarde, por suerte no fue nada, pero repito, conservé, Ismael y José Antonio se fueron marchando y esta vez no hice nada por intentar seguirles, en mi cabeza ya pesaban los 12 kilómetros del día anterior e iba pensando en que todavía quedaba una última tachuela en el recorrido.

Kilómetro 14, último avituallamiento para coger fuerzas para esa última tachuela… esta vez, tortilla de patata, no la probé, no quería arriesgar a comerme un trozo y tener que volver a verla minutos más tarde en sentido salida, agua y más agua…

La media de los dos últimos kilómetros, 7:30 aproximadamente, subida brutal hasta el 14,50… punto de fotografías a traición, en el momento en el que uno llega con peor cara, pero al llegar a lo alto de la loma, se observaba Villamanta, el campo de fútbol con el arco de llegada y unas vistas espectaculares, me olvidé de bajar nada más coronar y mientras recuperaba el resuello, hice varias fotografías de la zona.

De nuevo, bajada tranquila, sin arriesgar tobillos y poco más de 500 metros para llegar de nuevo al campo de fútbol, una hora y treinta y ocho minutos, ritmo de 6:32 min/km (aunque todos tengamos como tiempo final SOLEADO, otra nota cachonda de Ángel) y detallazo de la organización y voluntarios, a todo el que entraba en meta, se le ponía la cinta de llegada, eso sí, hacer la croqueta como pedía el amigo que estaba al mando del micrófono, al menos yo, ni de broma… si me tiro al suelo, no me levanto.

Ahora sí era momento de dar cuenta del avituallamiento y de recuperar fuerzas, sencilla, preciosa y sufrida medalla al cuello, un diploma cachondo de recuerdo e invitación a cerveza y tapa en bares del pueblo.

José Antonio terminó muy satisfecho, viéndose más fuerte de lo que creía, Ismael también, ambos en su primera incursión en Trail, seguro que están ansiosos por volver al monte y la verdad, la mañana fue redonda, de esas carreras que uno guarda con cariño.

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