Abro los ojos y ahora me encuentro aquí

Abro los ojos y ahora me encuentro aquí, escribiendo lo que nunca pensé que escribiría. Después de todo un año esperando este momento, se pasa, rápido, como todo lo bueno. Porque así son los sueños, son pensamientos que tienes durante largos periodos de tiempo y que cuando se cumplen pasan fugazmente, aunque sean sueños de 42kms de distancia.

De algún modo esto lo hace más bonito que sea así, efímero. Así es mi Maraton. Una carrera que he empezado con muchos nervios, sí, ya se que no me juego nada, que no compito contra nadie, pero es que competir contra uno mismo probablemente sea la mayor de las competiciones.

Los minutos antes de la salida me encontraba como en una nube, pensando en blanco, evadiendo emociones y sentimientos, siendo un auténtico autómata que solo tiene un objetivo y que tiene que cumplirlo, ni lágrimas ni nervios ni nada.

Como siempre y como me caracteriza, me metí en el cajón con unos 20 minutos de antelación (¡y encima me rima!) Os puedo asegurar que se convirtieron en los 20 minutos más largos de mi vida. El calor corporal de los demás corredores era sofocante, la gente te pegaba sus nervios, oía sus conversaciones y el autómata que era esta mañana se convirtió en un manojo de nervios. Era inevitable.

Traté de evadirme de nuevo pensando en la nada pero solo miraba a la meta, la tenía a unos 500 metros, unos 500 metros que en realidad eran 42,695 metros. Mejor no pensarlo, pero ya era tarde…

Por fin dan la salida, esquivo a gente, intento no pisarla, no bajar mucho el ritmo y enfilo la carrera, con valentía, con frialdad, intentando no subir mucho el ritmo de 5 minutos/km.

El ambiente empuja mucho al principio pero el Paseo de la Castellana para arriba hace que pienses todo lo contrario. (Álvaro, es solo una cuesta más, me decía) Una cuesta más pero ostia que dura es. La carrera a partir del km 10 la tengo ya bien enfilada, manteniendo el ritmo de 5 minutos/km. Apostando por las cuestas abajo y encarando las cuestas arriba con decisión.

Y llegó el primer tramo psicológico de la carrera, el desvío de la Media Maratón y de la Maratón en el km 17. Volvieron las pesadillas del año pasado cuando corría la media y pensaba en los maratonianos compadeciéndome de ellos y pensando algún día yo giraré hacia la Maratón. Y hoy era el día. Lo miré solo de reojo e intenté olvidarlo cuanto antes y pensar solo en afrontar mi carrera.

Esta maratón me la he dividido en 3 veces 10km y los últimos 12 los obvié. Si os digo la verdad, no se por qué, cosas mías pero el caso es que necesitaba dividírmelo para afrontarlo mejor. Y con esto, decidí ir a por el segundo 10k, pero la Casa de Campo se puso en medio de mi objetivo. Un tramo terrible, solitario, una auténtica prueba de introspección. Pero decidí que esto no podía acabar conmigo.

Intentaba mantener el ritmo, me apoyaba del público, me impulsaba chocando las manos de los numerosos niños que había y mirando al parque y al infinito seguí con mi reto.

La salida de la Casa de campo fue mi tramo “final” de mi división del kilometraje. Había acabado mi carrera física, los 30km pero ahora empezaba la carrera más dura, la mental. En la que aparecen todos tus miedos, todos tus fracasos y te intentan frenar, pero no, no iba a ser así.

Las cuestas acechaban, mis piernas temblaban, el público gritaba, ¡menuda mezcla ehh! Pues así afronté los últimos 12km. Seguir Álvaro, seguir, no pares, es la clave, me decía. 5kms hablando conmigo mismo hasta que en el dichoso km 35 apareció un nuevo enemigo, los calambres. Mi rodilla izquierda empezó a temblar y el dolor se apoderaba de mí. El calambre era un enemigo que llegó a mi rodilla sin invitación, apareció por sorpresa y me obligó a bajar el ritmo para evitar pararme.

Venga 7 km más. ¡¡Más caña, más candela!! Esto no puede acabar aquí. Este enemigo me acompañó durante la distancia restante pero ahora si que si mi corazón se apoderó de la carrera, el amor propio tomó las riendas, “sanó” en cierta parte mi rodilla y me llevó en volandas.

El público animaba y yo también hasta que vislumbro el Museo Reina Sofía. Ya solo una recta larguísima me separaba de mi sueño. Ni la rodilla, ni los calambres, ni el cansancio, ni nada podría arrebatarme mi sueño.

Y por fin enfilo el paseo del Prado. Lágrimas en los ojos al ver la meta, los sentimientos a flor de piel. Ya no existe el dolor, ya no hay calambres. Solo lágrimas, sonrisas y emoción.

¡¡Siii!!¡¡ METAA!!

 

Esto es muy grande, me faltaban palabras para asumir mi reto conseguido. Nada más pasar por meta me agacho y pienso, ya está! Y como buen sueño todo acaba. Un año resumido en 3 horas 38minutos. Aunque parezca mucho tiempo se me hizo corto. Aunque eso es buena señal porque significa que lo he disfrutado.

Y aún con lágrimas en los ojos termino de escribir lo que ha sido mi senda hacia el reto cumplido. Hace unos años no tenía fé en mí y ahora sé que después de esto, sé que puedo conseguir todo lo que me proponga. Que todo si se sueña, si se visualiza se puede conseguir. Eso sí, con esfuerzo, constancia y tesón.

No seré el mejor runner del mundo, pero ahora mismo soy el más feliz y esto no tiene precio.

Os animo a todos a que os propongáis nuevos retos en vuestra vida, ya sea este u otro pero plantearos siempre nuevas metas porque esto nos mantiene las ganas de vivir.

Mi sueño acaba aquí, pero mañana volveré a soñar algo nuevo.

Álvaro Palacios

Colaborador de Foro Runners

 

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